Historias de Gramola: El Duque Blanco (por Miriam Alonso)

Esta historia habla de un hombre que no pertenecía a nuestro mundo. Diremos que no fue un príncipe, sino un duque, un Duque Blanco.

La única marca que le diferenciaba del resto de humanos eran sus ojos, cada uno de un color, señalando su descarada procedencia extraplanetaria. Todavía no se sabe bien por qué dejó su tierra, y el polvo de estrellas con que jugaba a menudo para arribar al nuestro, tan despoblado, seco y herido en tantas zonas.

No sabía cómo comunicarse con los extraños personajes que encontraba por doquier, así que decidió, primero, cambiar muchas veces de hábito. Se maquillaba, se ponía ropas extrañas, se disfrazaba de humano intentando ser lo menos humano posible.

Un día probó a comunicarse con nosotros empleando el mismo idioma que usaba para hablar con las estrellas. El pequeño grupo que escuchó al Duque, quedó fascinado con el hallazgo y pronto todos quisimos formar parte de aquella magia, oscilando en torno al extraño personajes de ojos dispares. Adquirió una fama que le precedía allá donde fuera. También hizo enemigos, porque no todo el mundo podía aceptar la grandeza de quien nos ocupa. Si bien cosechó envidias, ganó imitadores y personas que, como yo, pusieron a esa criatura en lo más alto, pensando que no se iría nunca.

Pero ahí está la grandeza del genio, del Duque, y de lo maravilloso: la brevedad.

Dejándonos a su viuda Duquesa Negra, el Duque Blanco se marchó una mañana, por sorpresa, con nuestro aliento.

No llores.

Estaba hecho de polvo de estrellas. Solo ha regresado a casa.

 

PD: Imagen de portada ©Chuck Connelly

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